Cuentos cortos para dormir El pastel de moras


Había una vez una chica de nombre Elsa que vivía en el campo junto con sus cuatro hermanos. Ella era la mayor y por tanto la responsable de que los demás tuvieran algo que llevarse a la boca a diario.

La chica hacía de todo, ordeñaba las vacas de los vecinos, limpiaba casas, lavaba ropa ajena etc. hasta que un día una amiga suya le dijo que por qué no invertía un poco de sus ahorros en comprar suministros para poder hornear pasteles de moras.

– Tus pasteles son muy buenos. Estoy segura de que los venderás fácilmente.

– No creo, aquí la gente no tiene dinero para adquirir ese tipo de cosas y además no tengo tiempo de pasar horas en la cocina.

– ¿Quién está diciendo que los vendas en el pueblo? Puedes poner un puesto a la orilla de la cartera y ahí ofertar tu mercancía. Por tus hermanos no te apures, yo vendré por las noches y les relataré cuentos cortos para dormir mientras tú cocinas.

Elsa evaluó la situación y decidió emprender este nuevo negocio. Colocó una pequeña mesa cubierta por una lona en una zona transitada del camino y efectivamente comenzó a vender sus pasteles con bastante éxito.

Sin embargo, un día el clima vespertino cambió de manera repentina y la brisa fresca se transformó en ráfagas incontrolables de viento. Los pasteles de ese día cayeron al suelo haciendo que no hubiese ganancias.

La joven se retiró muy triste su casa, pues no tenía dinero para reponer la mercancía estropeada. Al día siguiente se dirigió al puesto con las manos vacías, sólo para desmontarlo, cuando observó asombrada que la mesita estaba repleta de pasteles. Sus amigos y vecinos quienes habían escuchado de los hechos, cocinaron durante toda la noche para que Elsa continuara trabajando como si nada.

Eso es algo que ella jamás olvido. Lo sé porque ella me pidió que contara esta historia.